Alejandro Sanz, no es lo mismo

Personajes

Han pasado diez años desde la última vez que Alejandro Sanz pisó el festival de Viña. Una década marcada por las convulsiones en su vida, y en la que ha cambiado Madrid por Miami. Apunto de estrenar nueva paternidad, algunas de las personas que lo conocen desde sus inicios nos cuentan como el éxito ha cambiado al aclamado artista español, convirtiéndolo en una persona más cerrada e inaccesible.

Buenos días… Hoy es el cumpleaños de mi Alexander… No hay nada más importante en el mundo que eso… Felicidades cachito de mi alma… Pellizco de mi inquietud… Suspiro de mi voz. Te amo. Así felicitó Alejandro Sanz a su segundo hijo en Twitter el pasado 17 de noviembre. Que Alejandro utilice la red para dirigirse a Alexander es un giro de 180º si tenemos en cuenta que lo escondió al público durante sus primeros cuatro años de vida.

El gesto es también un reflejo del buen momento personal que atraviesa el cantante. Atrás han quedado sus peores años: el duro golpe de la muerte de su padre en 2005, los rumores de adicción a las drogas, la extorsión en 2006 de dos miembros del servicio doméstico de su casa de Miami – lo amenazaron con desvelar detalles comprometidos de su vida privada si no recibían 400.000 euros, lo que obligó al cantante a anunciar la paternidad del pequeño antes de que el mayordomo se adelantara -, la cancelación de sus conciertos en 2007 por estrés y la denuncia en 2008 de la Fiscalía de Anticorrupción española que lo acusaba de haber desviado un millón de euros al paraíso fiscal de Liechtenstein.

Tres años seguidos de disgustos que se saldaron con una presunta depresión, varios kilos de más y un desafortunado look rubio platino. Con el tiempo sus problemas se solucionaron. Los empleados se declararon culpables y no podrán acercarse al cantante ni hablar del caso de por vida, y los kilos y el tinte, desaparecieron, dando paso a la cicatrización de las heridas – la investigación sobre el presunto delito de fraude fiscal no ha trascendido a los medios.

Ahora, a sus 42 años, vive en Miami con su novia española Raquel Perera, con la que espera su tercer hijo, el primero para ella. “Está en un buen momento personal”, cuenta el productor Miguel Ángel Arenas, Capi, gran amigo de Alejandro y descubridor del cantante hace más de veinte años.
Pero que Sanz hable de su hijo, critique a Hugo Chávez u opine sobre los derechos de autor en Twitter no significa que haya abandonado su política de cortinas cerradas que adoptó al mudarse a Miami. Testigo de ello ha sido Víctor Sandoval, un conocido presentador y colaborador de programas del corazón en España y Miami, y vecino del cantante en South Beach. “Alejandro vive recluido; como si fuera un mafioso”, explica a CARAS. “En nuestro vecindario (en la lujosa calle North Bay) viven Chayanne, El Puma, Enrique Iglesias… y a todos los ves paseando en bici, saludándote, saliendo y entrando por la puerta de su casa… Y Alejandro, en cambio, sale de la casa en coche, seguido de su gente de seguridad, escapándose… Las únicas veces que los ves es cuando sale a navegar con su barco”.

Alejandro tiende a la reclusión para trabajar, cuando está agobiado o en épocas de sobreexposición. Tras convertirse en una estrella con Viviendo Deprisa a principios de los 90, el éxito le pasó factura en forma de una “mala época” que superó encerrándose con Capi y unos amigos en una casa del sur de Andalucía, según le contó a Juan Carlos de Laiglesia, autor de la biografía oficial de Alejandro, Por Derecho. Al final de esa misma década, volvió a encerrarse para digerir el terremoto que supuso Más y que le consagró como uno de los mejores artistas latinos del momento. Sólo hizo una excepción para De Laiglesia y para el primer número de la edición ibérica de la revista Rolling Stone, que haciéndose eco de su arte para desaparecer le dedicó la portada bajo el título ‘¿Dónde se esconde Alejandro Sanz?’.

Este rasgo introvertido del cantante también se refleja en otros aspectos de su manera de ser. “Alejandro no es una persona confiada. Se abre poco”, nos cuenta De Laiglesia. “En las entrevistas, por ejemplo, separa mucho lo que es trabajo y amistad. En mi caso, al tratarse de una biografía, yo esperaba un trato más cálido y, sin embargo, lo encontré más frío y distante de lo que pensaba”, si bien aclara que el artista fue muy generoso y amable en todos sus encuentros.

El propio cantante siempre ha reconocido que no le gusta hablar de sus asuntos. “Es por todo el mundo conocida la defensa a ultranza que siempre he mantenido de mi intimidad y vida privada”, decía en el comunicado que envió a los medios para dar a conocer la existencia de Alexander y denunciar, de paso, al mayordomo y su esposa.

Su extrema sensibilidad a las críticas y rumores explican en parte su comportamiento. “Su llegada a Miami coincidió con el inicio de programas de corazón de estilo español como In fraganti y Paparazzi. Le entró miedo y se recluyó aun más”, justifica Sandoval. Lógico, si tenemos en cuenta que en esos momentos Alejandro tenía una bomba de relojería entre las manos tras el nacimiento de un hijo fuera de su relación con Jaydy Mitchel y que llegaba a los Estados Unidos escaldado de todos los chismes que se habían dicho de él en España (que si era gay, que si su boda con Jaydy fue un montaje, que si tuvo un lío con Miguel Bosé). Lo pasó tan mal a finales de los 90 que incluso se le empezó a caer el pelo, le contó a De Laiglesia. “Con todas las cosas que se han dicho, no me extraña que en más de una ocasión se haya bloqueado”, reflexiona éste.

Pero Sanz no sólo se ha encerrado en su casa, también ha ido creando un muro grueso y alto mediante la gente que trabaja para él. De Laiglesia, que ya había entrevistado a Sanz al inicio de su carrera cuando el primero dirigía la revista Man, notó este cambio la segunda vez. “Estaba muy protegido por el personal; acceder a él no era fácil. Las citas que manteníamos estaban muy medidas. Tiene un grupo de personas que lo dirigen y él ha sabido elegir bien a esas personas”. Un grupo de gente cuya influencia, como desvela más adelante Capi, va más allá de organizarle la agenda.

El éxito también lo transformado a otro nivel. Alejandro Sanz es una estrella dentro de la música latina consciente del lugar que ocupa, y que a veces ha sucumbido a los privilegios (léase poder) que la fama otorga, según cuentan las fuentes. “Recuerdo que el personal – entonces Sanz y Jaydy vivían en la casa de Bosé en Madrid mientras se construían la suya propia – le traía lo zapatos, le arrancaban el coche…”, cuenta De Laiglesia. “Durante nuestras charlas vi también detalles de una persona que ha llegado tan arriba, que ahora necesita marcar la diferencia entre él mismo y los demás para demostrar un poco quien manda aquí”. Sandoval también habla de ello: “Alejandro excluye, impone”, son sus palabras. “Dice quién puede entrar en la rueda de prensa y quién no, las preguntas que se le pueden hacer, todo”. Sandoval, con un pasado en la música, es uno de los vetados. “Alejandro, Capi, yo… nos conocemos desde la prehistoria. Él y yo empezamos a cantar en la misma época, cuando era Alejandro Magno. En cambio, él ahora hace como si no me conociera, no me saluda, me ignora”, dice dolido, más por una cuestión personal que profesional.

Le preguntamos a qué puede deberse este comportamiento. “Miami es muy duro, es una plaza muy dura, te haces más duro al vivir allí”, dice a modo de justificación, aunque más tarde añade: “el problema es que yo soy siempre sincero y la verdad es incómoda. Yo para esta gente soy incómoda”.

Sanz, por su parte, confiesa en su biografía que tiene mucho genio y que siempre le ha costado controlarlo.
Capi, creador del fenómeno Alejandro Sanz, ha sido testigo etapa de cómo el éxito lo ha cambiado. “Alejandro tiene una responsabilidad muy grande con su personaje. Como dice Ortega y Gasset, el hombre es el hombre y sus circunstancias. Pues Alejandro es un hombre con sus circunstancias y se ha de comportar de acuerdo a ellas”. “Hay mucha diferencia entre el Alejandro que yo entrevisté para Man y el Alejandro con el que hablé para el libro”, dice por su parte De Laiglesia. “El primero tenía una energía brutal y mucho carisma. Era un niño-hombre. El segundo estaba más sereno, más hecho a si mismo, más maduro. Había digerido el éxito”.

Alejandro se marchó a Miami en 2005 tras separarse de Mitchel. “Quería comerse el mundo. Y para los cantantes hispanos Miami es lo más”, explica Capi. A De Laiglesia, en cambio, le sorprendió, pues tan sólo tres años antes Alejandro le dijo que no se veía viviendo en una esa ciudad.

Allí, ya totalmente asentado, el cantante se ha creado su propio “ghetto”, dice Sandoval. Un ghetto que incluye a Paulina Rúbio, David Bisbal, las parejas de ambos – Nicolás Vallejo-Nájera y Elena Tablada – Shakira y… Raquel Perera, la mujer con la que lleva saliendo desde 2007 y que le ha curado su corazón partio.

De ella se conoce poco. Según el periódico El Mundo fue novia de Joaquín Sabina y conoció a Alejandro trabajando para él en su equipo de prensa. En la actualidad se dedica a distribuir una marca de cosmética europea en los Estados Unidos.

Raquel es la segunda mujer con la que Alejandro mantiene una relación seria. La primera fue Jaydy, a quien conoció en 1995. La pareja se casó en 1998 por el rito balinés en una ceremonia a la que sólo asistieron sus familiares y un par de amigos. A su vuelta a España jamás oficializaron el matrimonio. Alejandro no era muy partidario entonces del hasta que la muerte os separe. “Qué sé yo cuál es la mujer de mi vida ¿Quién lo sabe? Estoy enamorado, Jaydy vive feliz, tenemos todos los planes del mundo, pero no podemos planear qué vamos a sentir el uno por el otro dentro de diez años”, dijo en Rolling Stone. “Yo me siento tan comprometido como si me hubiera casado por la Iglesia (…) Si quieres atarte de verdad, date libertad. Si te tienes que atar con cadenas, es que te quieres ir”.

En julio de 2001 nació su hija Manuela. La pareja a malas penas se prodigaba públicamente pero no fue hasta 2005 cuando unas fotografías en las que aparecían con un semblante muy serio confirmaron la grave crisis con la que se venía especulando. La pareja se separó ese mismo año. Entonces nadie – a excepción de un cuantos allegados –se imaginaba el secreto que guardaba el cantante y que había sentenciado a muerte su relación con la mexicana: en noviembre de 2002 había sido padre de un niño fruto de una relación con la entonces maquilladora y estilista puertorriqueña Valeria Rivera, a la que había conocido en el rodaje de un videoclip en Miami dos años antes.

Cuadrando las fechas, el pequeño Alexander fue concebido medio año después del nacimiento de su hermana Manuela. Según dijo Sanz en el comunicado, mantuvo oculta la existencia de Alexander por deseo expreso de la madre. Jaydy, que a raíz de conocer a Alejandro, ha conseguido importante contratos publicitarios, confesó al poco tiempo en una entrevista que sabía de la existencia del pequeño cuando todavía estaban juntos y que, aunque la noticia provocó un “lógico distanciamiento entre ambos, luché como una mujer enamorada y pensando, ante todo, en mi hija”.

Pese a todo Jaydy jamás ha tenido una mala palabra o un reproche público hacia el padre de su hija. La ex pareja mantiene una relación cordial y recientemente se han felicitado mutuamente por la paternidad de él y el casamiento de ella con el futbolista mexicano Rafa Márquez.

No ha ocurrido lo mismo con Valeria. Instalada también en Miami, y de la misma edad que Jaydy y Raquel – las tres tienen 35 años – aprovechó el tirón mediático del comunicado para impulsar su nueva profesión como diseñadora de ropa. En aquel momento Valeria afirmaba que ella y Alejandro eran grandes amigos, sin embargo hace sólo un año reconoció en un programa de televisión que al cantante no le gustaba que hablase en los medios y ella por su parte le reprochó públicamente que todavía no hubiera reconocido legalmente a su hijo. “Quizá es que en siete años, no ha tenido tiempo para firmar los papeles”, dijo. La puertorriqueña también habló de Raquel, a la que definió como “demasiado buena para él”. A pesar de las desavenencias entre ambos, Sanz ve con frecuencia a su hijo y los dos hermanos están muy unidos.

Que la trayectoria de Alejandro es brillante, es algo que nadie duda. 16 Grammys latinos, dos americanos, 13 álbumes (sin contar su faceta como Alejandro Magno), 21 millones de copias, 200 discos de platino y una fortuna estimada en 16 millones de euros en veinte años.

Su carrera post Capi

Los que le conocen dicen de él que es hiperactivo y que no puede estar sin trabajar. Todos coinciden también en que una de sus virtudes/defectos más considerables es su perfeccionismo extremo. “Es obsesivo”, repiten De Laiglesia y Capi. También “pesadillesco”, añade el periodista riéndose. “La grabación de ‘Corazón Partio’ fue terrible”, recuerda ahora con humor el productor. “Se tuvo que grabar 24 veces hasta que le gustó a Alejandro. Cuando terminamos le dije en broma: “No pienso volver a trabajar contigo nunca” – tres años después grabaron su último disco juntos: El alma al aire.

Pero la vez que más le sorprendió a Capi su afán perfeccionista fue precisamente en el festival de Viña de 1994, cuando el cantante fue invitado por primera vez. “Es de las pocas veces que le he visto llorar”. Alejandro, que formó parte del jurado, actuó el último día con la mala suerte de sufrir varios problemas técnicos en el escenario – un sabotaje, dice Capi, por parte de un gran artista, mayor que Sanz, que le tenía envidia. “Como todavía vive, no diremos su nombre” –. Sólo pudo cantar dos canciones y, ante las dificultades para continuar con el show, Alejandro “se puso a cantar flamenco a pleno pulmón y con ese gesto se puso al público en el bolsillo”. Pero tras el concierto, “estaba que se caía del disgusto. No paraba de llorar. Miguel Bosé y Luís Miguel que estaban allí, fueron muy generosos y trataron de animarle toda noche con una fiesta que este último organizó en su hotel. Pero no había consuelo; era un caso. Y es que Chile era muy importante para él pues es la puerta para entrar en Sudamérica”.

A pesar del éxito de su último álbum, Paraíso Express, no a todos les gusta los tintes que ha tomado su carrera en los últimos años. “No veo una bonita evolución en sus discos”, dice Capi, que ha producido seis de sus ochos discos de estudio más aparte el álbum firmado con el seudónimo del rey macedónico. “Ninguno de los últimos ha superado las ventas de Más”, editado en 1997 y el cual ya va por los cinco millones de copias en todo el mundo. “De hecho, después de nuestra separación, él me ha llegado a pedir consejo, y no le ha gustado mi opinión, pero al pasar el tiempo me ha reconocido que estaba en lo cierto”. “Alejandro vive ahora de rentas”.

Sandoval es más duro. “Alejandro se cree que es Enrique Iglesias. Pero a diferencia de éste, Sanz no vende fuera de Miami”, dice refiriéndose al mercado estadounidense. “Por eso está arrimándose a gente como Alicia Keys, para llegar más al público americano”.

La figura de Capi es esencial en la carrera de Alejandro. Lo descubrió a través de una foto cuando éste tenía 17 años y se dedicaba a cantar en pubs y clubes de alterne a donde le enviaba su padre. “Me pareció muy mono, muy guapo. Y quise conocerlo”. ¿Qué le vio? “Que todo el mundo se fijaba en él. Tenía el don de la atracción. Cuando yo lo conocí no era compositor, cantaba cosas folclóricas, contaba chistes, era muy pícaro”. También dispuesto a hacer lo que fuera para trabajar en el mundo de la música aunque fuera llevando el café. A Capi le gustó esa actitud y, de hecho, Alejandro terminó trabajando como ayudante suyo. “Ahí se lo enseñó todo sobre este oficio”.

En aquel momento Capi era un nombre pesado en la industria española. Productor pero también cazatalentos, fue el descubridor y padrino de importantes grupos españoles como Los Pecos, Mécano, y Alaska y los Pegamoides, y fue unos de los creadores del mítico programa La bola de cristal y del movimiento de la Movida Madrileña. Su contribución a la cultura es tal que se le considera como unos de los personajes clave en la Transición Española.

Por ello a Capi le duele ahora la campaña de desacreditación por parte, denuncia, del equipo de Sanz. “Gente como Rosa Lagarrigue –su manager – ahora se encarga de quitar mérito a mi papel, y me pintan como si Alejandro hubiera sido mi descubridor. Cuando fue al contrario. Fui yo quien lo cogió del brazo y le indiqué el camino. Sin mí puede que Alejandro estuviera tocando ahora la guitarra debajo de un puente”, cuenta molesto al otro lado del teléfono.

Su amistad con Sanz, sin embargo perdura, pese a todo. “Mantenemos muy buena relación. Pasé las Navidades con él. Veo a sus niños…”. ¿Por qué dejaron de trabajar juntos? le pregunto. Su primera respuesta es: “Ésa es una pregunta a la que no puedo responder yo, ni siquiera Alejandro… sino la gente que lo rodea”. No da más detalles pero argumenta: “si la máquina no se ha roto, ¿por qué la arreglas?”. Segunda respuesta: “No fue por una pelea ni un disgusto, pero sí que es verdad que hubo mucho desgaste”. Finalmente nos dice: “de todos modos ya he respondido implícitamente a la pregunta con la primera respuesta”. ¿Tanta importancia tiene su personal? “Tiene un equipo detrás que le tapa. Por conseguir un uno por ciento de Alejandro Sanz hay gente que mata”.