Guillermo de Inglaterra; aterrizaje forzoso

Monarquía británica

Es príncipe, rubio  y encantador, pero no le gustan muchos los compromisos, puede tardar ocho años en decidirse y antes prefiere una buena fiesta que acudir a un acto público. Hasta ahora. A sus 28 años y ya convertido en un hombre casado, el joven príncipe William se convierte en un hombre decidido a afrontar su destino, cuidar de su esposa y a que la memoria de Diana perdure en Buckingham. CARAS repasa la personalidad del joven y del hombre llamado a salvar la Monarquía Británica.

Seamos sinceros, el príncipe William no es de los que ha tenido prisa por casarse. Quizás sea porque, como dicen los expertos, con el fin de su soltería empieza su auténtica carrera dentro de palacio, un destino del que no puede huir siendo el primogénito del príncipe de Gales pero que si puede retrasar, mejor. Y si puede hacerlo en la isla galesa de Anglesey, trabajando como miembro del equipo de rescate en su querida Royal Air Force (RAF), mejor todavía.

Quizás sea también porque el matrimonio de sus padres pasará a los libros de historia como uno de los más desastrosos; y como todo hijo de una familia rota quiere asegurarse de que la suya comerá perdices para siempre. Además, a estas alturas, William ya debe saber lo mal que sientan los divorcios de los Windsor, así que mejor no tomar ningún paso en falso. Si encima tenemos en cuenta que le gusta estar convencido de sus decisiones, se entiende que Kate Middleton haya esperado ocho años a que su príncipe azul le pidiera la mano.

Pero a sus 28 años el príncipe se ha dado cuenta de que el momento ha llegado. Ahora bien, tampoco ha sido una decisión fría. “No creo que sea el tipo de chico romántico que cuando se enamora pierde la cabeza por completo, pero sería un error sugerir que lo ha hecho para cumplir con su deber como heredero”, cuenta a CARAS Penny Junor, una afamada periodista y escritora británica que prepara en la actualidad una biografía sobre el futuro heredero.

Diana, inducida por su propia experiencia, siempre inculcó a sus hijos que se casaran por amor, contaba recientemente el escritor Andrew Morton a una revista española. Detalles como la romántica proposición de rodillas en una cabaña de Kenia demuestran que el primogénito de la difunta princesa hizo caso a su madre.

No debió ser fácil para William celebrar en la Abadía de Westminster un evento tan importante para él. Hace 14 años el entonces príncipe adolescente cruzaba el pasillo para asistir al funeral de su progenitora, muerta en accidente de tráfico.

“Hacia fuera da la sensación de que ha llevado la muerte de su madre muy bien. Está muy bien adaptado y con los pies en tierra. Pero creo que por dentro todavía le pasan muchas cosas que no están del todo resueltas”, opina Junor, autora de dos biografías sobre los príncipes de Gales que molestaron a la antigua pareja y que impulsaron a Diana a colaborar con Morton.

William ha querido rendir con su enlace un homenaje a su madre, quien, según la revista OK, fantaseaba con la boda de sus hijos incluso estando embarazada. Eligió el mismo día (sus padres se casaron el 29 de julio, él el 29 de abril); el vestido de Kate en la primera entrevista tras hacerse público el enlace era del mismo color que lució Diana en su presentación; y luego está el legendario zafiro de compromiso que ha pasado de suegra a nuera. “Pensé que sería bonito porque ella no va estar aquí para compartir todo esto”, explicó el príncipe en esa entrevista.

¿Y qué opina Kate de esto, por cierto? La joven ha expresado que Diana es “toda una inspiración para mí”, pero según Morton, hubiera preferido tener un anillo propio y, de hecho, es ella quien ha desechado casarse en la catedral de Sant Paul, donde se casaron los príncipes de Gales, para evitar que se repita, y compare, la misma imagen de la novia llegando al templo.

“Para ella debe haber sido bastante alarmante descubrir que tiene que llevar esta joya tan mítica”, nos cuenta el biógrafo real Christopher Wilson, quien añade también que este anillo puede volverse en contra de la pareja. “Inevitablemente, cada vez que lo lleve en público habrá la tentación de sacar fotos similares de Diana, y en lugar de ser la única que aparezca en la foto, se convertirá en la sombra de la princesa muerta. Quizá William está de acuerdo en correr ese riesgo, tal vez es su manera de mantener vivo el nombre de su madre, pero es una estrategia arriesgada y una gran cantidad de observadores reales en Gran Bretaña piensan que después de la boda, debería guardarlo en un cajón”.

Lo cierto es que William tampoco quiere que eso ocurra. “Nadie va a ocupar el lugar de mi madre. Lo que ella hizo fue fantástico, pero se trata de nuestro propio futuro, de nuestro propio destino. Kate será muy buena”, ha dicho sobre el tema.

Al príncipe siempre le ha gustado tomar sus propias decisiones aunque ello implicará salirse de la línea. Él mismo terminó con 150 años de tradición al decidir estudiar en Sant Andrews en lugar de Cambridge. También fue él quien decidió compartir piso con Kate y un par de amigos durante la universidad, un hecho insólito en la Casa Real.

Esto no significa que no se haya dado ningún tropezón. Tras llegar a Sant Andrews en 2001 para estudiar Historia del Arte sufrió una crisis de identidad que por poco le hace abandonar los estudios.

Sant Andrew, el piso, el recuerdo de Diana, ¿son de algún modo la manera de sublevarse ante palacio? Martin Avis, de Le Nouvel Observateur estaría de acuerdo. “William y su hermano Harry se rebelaron hace unos ocho o nueve años de manera eficaz para que la gente supiera que no iban a sacrificar más sus vidas más por la corona”, ha dicho.

Las cosas no han debido ser fáciles entre padre e hijo tras la debacle del matrimonio de Carlos y Diana y la posterior muerte de ésta. Morton cuenta que Harry le habría dicho a su padre entre grito que lo odiaba por haber hecho llorar a su madre.

¿Guardan los hermanos algún resentimiento hacia la familia? “Por supuesto que no”, dice rotundo Wilson. “Tienen una buena relación con su padre, una relación cálida y cariñosa. También hay muy bien rollo entre ellos y Camilla, y los príncipes quieren a su abuela”. “Me inspira, es un referente para mí”, ha dicho de Isabel II el futuro heredero, quien junto a su hermano le ha enseñado a navegar por Internet.

Dicen los expertos que William es un buen chico, con la empatía de su madre y que, a diferencia de lo que podría esperarse dada su posición, no resulta esnob ni distante. El propio príncipe ha sido el primero en huir de la pomposidad que rodeó la boda de sus padres. Nada de carrozas y quien quiera hacer un regalo que envíe un donativo.

De acuerdo, pero él también sabe que no es como el resto de jóvenes y ha exprimido sus días de soltero al máximo. Esto significa noches de baile y desenfreno en los clubes londinenses más exclusivos como Boujis o Mahikis, cuentas de cinco libras en cócteles exclusivos para él y sus amigos, cenas en los restaurantes más cool de la capital, vacaciones de lujo en los Alpes y el Caribe y alguna que otra portada en The Sun tras una noche de excesos, como aquella de 2006 en la que aparecían los dos hermanos dentro de su coche oficial tras una fiesta: William con signos de haber bebido bastante y Harry, no menos ebrio, agarrado al pecho de su acompañante femenina.

El príncipe también ha gozado de privilegios por ser vos quien sois. En sus inicios en la RAF, hace dos años, utilizó uno de sus helicópteros de guerra para desplazarse al lugar donde su primo Peter había organizado un fin de semana de juerga para despedirse desu soltería. Se calcula que el trayecto tuvo un coste de cinco mil libras. La noticia causó malestar en la RAF, pero lo exculparon públicamente con el argumento de que el viaje compensaba las horas de entrenamiento que había perdido la semana anterior. Una excusa que no coló entre los ciudadanos ni los medios, sobre todo porque el servicio de taxi también incluía recoger a Harry en Buckingham y se repitió unos días más tarde cuando realizó un aterrizaje privado en el jardín de los Middelton. “William no ha hecho nada malo, pero la ingenuidad de quienes se lo han  permitido es asombrosa”, dijo un oficial de la RAF al Daily Mail.

Chico guapo y bien posicionado, a William tampoco le han faltado féminas a su alrededor. Y aunque ha compartido prácticamente toda su veintena con Middleton, durante sus descansos – que han sido varios – siempre ha buscado consuelo, para disgusto de la pobre Kate, quien más allá de conseguir su título universitario y trabajar durante una temporada para una cadena de ropa y en el negocio de sus padres, se ha dedicado básicamente a seguir y esperar al príncipe.

“Tiene un ojo juguetón”, ha dicho Andrew Morton sobre su relación con las chicas. Penny Junor discrepa. “Es demasiado sensible para ser un playboy”, afirma tajante. “Él siempre ha atraído a las chicas y ciertamente le gusta la fiesta, pero no de manera excesiva como su hermano. Además el jamás haría nada que pudiera dañar a la familia”.

“Yo no creo que haya cometido tantos excesos”, opina Christopher Wilson, toda una autoridad sobre la Familia Real. “Decenas de miles de jóvenes de su edad también van a bares y no por eso salen en los titulares”.

Las comparaciones entre los dos hermanos son inevitables. Los dos han compartido juergas y borracheras, pero mientras el mayor siempre se ha mostrado más responsable, Harry se ha metido en más problemas. Como la vez que lo pillaron fumando marihuana, cuando se descubrió que él y sus compañeros de la academia militar de Sandhurst habían contratado a una stripper para que animara una fiesta o aquella vez en la que se disfrazó de Nazi. Situaciones algunas de ellas en la que el hijo menor de Carlos y Diana se ha visto obligado a pedir disculpas públicas.

En los últimos tiempos las cosas están más calmadas entre los dos hermanos, aunque a ello también contribuyó una campaña por parte de Buckingham para mejor la imagen, sobre todo de Harry, ya fuera resaltando su trabajo en Afganistán o asignándole tareas humanitarias en África. De modo que aquellos que esperaban que Harry le hubiera organizado una bacanal a su hermano para su despedida de soltero están, en principio, equivocados. Según ha trascendido a los medios, la fiesta – celebrada en una casa de campo – fue lo opuesto a Resacón en Las Vegas.

Mención aparte es la relación de ambos hermanos con los medios y especialmente los paparazzi. William y Harry tienen buen trato con los periodistas y los fotógrafos oficiales que viajan con ellos, nos cuenta el veterano fotógrafo real Mark Stewart, quien se ha pasado las dos últimas décadas fotografiando a los Windsor. “Ambos se unen a la barra para tomar un trago cuando estamos de viaje, y Harry, en particular, siempre parece dispuesto a ponerse al día con nuestros chismes”.

De hecho los recién casados tuvieron la deferencia de invitarlos a un tentempié antes de la sesión de fotos de compromiso para celebrar la nueva buena. Y no son los únicos. “La duquesa de Cornualles (Camila) siempre tiene tiempo para una charla rápida”. Al fin y al cabo se conocen desde hace tiempo y de algún modo existe una relación entre ambas partas.

Pero la cosa cambia si hablamos de los fotógrafos de calle. Aunque la mayoría de las veces actúan de acuerdo a su rol, esto es, sonreír y aceptar la situación, no es ningún secreto que a los hermanos Windsor no les gustan los paparazzi, tal y como se ha podido comprobar en alguno de los encontronazos de Harry con los reporteros – los periódicos sensacionalistas hablan de intentos de agresión – a la salida de alguna discoteca y con algunas copas de más.

Tampoco hay que buscar mucho para entender su aversión. Los príncipes no olvidan el acoso que sufrió Diana “y nunca olvidarán la muerte prematura de su madre y las asociaciones que hubo en torno al accidente y los fotógrafos. Su actitud es comprensible”, dice Stewart, quien ha sido galardonado varias veces por sus retratos de la Familia Real.

Hubo un tiempo en que Buckingham y los medios tenían un pacto no escrito para dejar tranquilo al futuro heredero, pero The Sun decidió romperlo en 2004 tras conseguir las primeras fotografías públicas de William y Kate, las primeras también en las que el príncipe aparecía en actitud amorosa con una chica. El diario sensacionalista opinaba que las fotos eran de interés público pues se trataba de la posible futura reina de los británicos. A palacio, sin embargo, no le hizo mucha gracia.

En los últimos tiempos corre el rumor de que existe un  nuevo pacto para dejar tranquilos a los recién casados y darle así una oportunidad a la pareja. Las fuentes consultadas por CARAS desmientes tal pacto. De todos modos, “la mayoría de los británicos ha llegado a la conclusión de que William necesita su espacio privado y comprenden que la prensa lo proteja hasta que sea Príncipe de Gales… ¡A menos que se eche una amante!”, bromea Christopher Wilson.

William también quiere tener su espacio privado, pues no le gusta estar siempre en el ojo público. Del mismo modo que tampoco permitirá dejar a Kate demasiado expuesta. “William recuerda todos los días el acoso que su madre sufrió hacia el final de su vida, y su principal prioridad es asegurarse de que no le suceda lo mismo a su esposa”, dice Wilson. De hecho, según el diario The Telegraph el príncipe le ha prometido al padre de Kate que siempre la protegerá.

Esto no vendría de ahora. Según la periodista Katie Nicholl – autora de una biografía sobre el príncipe – ya en 2006 William le pidió a la Casa Real que asesorará a su entonces novia para sobrellevar el interés mediático y que no sufriera el aislamiento y la soledad de Diana. Algo de ello se pudo ver en la entrevista tras el anuncio de compromiso. Aunque es ella quien lo ha ayudado a mejorar su relación con los medios, fue él quien tomó las riendas ante una nerviosa Kate ese día.

Un indicio de la clase de rey que puede ser. William es negociador, elocuente, y astuto con los medios, según Morton, tres cualidades que le ayudaran mucho cuando lleve la corona. También juega a favor el hecho de que es muy consciente de que tiene una vida muy privilegiada y que ese privilegio debe continuar ganándoselo, añade Wilson.

Ser el hijo de la princesa del pueblo puede que le  ha ayudado a la hora de obtener el cariño de la gente, “pero desde la muerte de Diana se ha forjado una imagen por sí mismo y todo lo que ha logrado ha sido por si mismo”, nos cuenta Dickie Arbiter, antiguo secretario de la Reina y hoy un reputado comentarista.

“Será un rey muy moderno”, opina finalmente Penny Junor. “Tiene las mejores cualidades de su padre y su madre. Es reflexivo, cuidadoso, excelente con la gente, y emocionalmente inteligente. Si continúa igual que ahora, va a ser muy popular”.

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Despice no publicado

HISTORIA DE UNA RELACIÓN INTERMITENTE

Septiembre 2001: Se conocen en Sant Andrews y empiezan a ser amigos. Él sale con Carly Massy-Birch. Ella con Rupert Finch.

27 de marzo de 2002: Kate participa en un desfile con un vestido transparente. En la fiesta posterior intenta besarla pero ella lo rechaza porque todavía sale con Finch.

Primavera-verano 2002: Empieza la relación

Septiembre de 2002: Se marchan a vivir juntos con dos amigos.

Junio de 2003: Se produce un distanciamiento tras la reaparición de una vieja amiga de Guillermo, Jecca Graig, aunque se desconoce si pasó algo con esta última.

Septiembre de 2003: La relación con Kate vuelve a su cauce.

1 de abril de 2004: The Sun revela al público el noviazgo con la foto de la pareja en los Alpes.

Verano de 2004: William se hace amigo de la rica americana Anna Sloan y se marcha de crucero con sus amigos y varias invitadas. A Kate le molesta y se separan. Ese verano él se interesa por la heredera Isabella Anstruther-Gough-Calthorpe, aunque no pasa nada entre ellos y Kate empieza a relacionarse con Fergus Boyd, aunque tampoco se sabe qué ocurrió entre ellos.

Navidades de 2004: La pareja retoma su relación.

Noviembre 2006: La Familia Real invita a Kate a la comida de Navidad pero ella se niega a participar en ningún acto hasta que el noviazgo sea oficial.

Diciembre 2006: Kate cude a la graduación de William en Sandhurst. Es la primera vez que acude a un acto público.

Año Nuevo de 2007: William la deja plantada y se reúne con su padre y su abuela para hablar sobre su futuro con Kate.

Principios de 2007: La pareja empieza distanciarse.

Finales de marzo de 2007: Guillermo es fotografiado abrazado y tocándole un pecho a una estudiante brasileña, Anna Ferreira, de 18 años, en Boujis. También es fotografiado con Lisa Agar, 19. La pareja rompe.

Abril de 2007: William es fotografiado besándose con una chica rubia en Mahiki

Junio de 2007: La pareja vuelve en secreto.

16 de noviembre de 2011: Anuncian el compromiso.