Letizia, la mujer detrás de la Princesa.

Monarquía / Monarquía española

Se cumple una década del matrimonio de los Príncipes de Asturias. Diez años, por tanto, de Princesa Letizia. Dos lustros en los que ha conquistado  a muchos y no ha dejado indiferente a nadie. Con letizios o sin letizios. Se ha currado el papel pero ahora reivindica a la mujer detrás de la princesa mientras aguanta los rumores sobre el estado de su corazón. Vanidades ha hecho una radiografía de la primera década de la Era Letizia. Porque aunque muchos se empeñen en lo contrario, hay Letizia para rato.

“El 22 de mayo es el día de mi boda y el día de mi nacimiento”. La frase se le atribuye a la mujer que aquel lluvioso día dejó de ser Letizia Ortiz Rocasolano, antigua presentadora de la televisión pública, para convertirse en su Alteza Real la Princesa de Asturias, heredera consorte de la corona española. Ese día nacía, además, la Letizia ícono. La mujer capaz de vender miles de revistas con su imagen en la portada, la it girl de la realeza.

Una década da para mucho. La hemos visto crecerse, transformarse, convertirse en madre, sufrir y, como humana que es, cometer errores y aciertos. Este ha sido su camino y así es hoy:

Letizia, Princesa de Asturias

Lo suyo tiene mérito porque el papel de Princesa de Asturias está contemplado dentro de la Corona pero no está definido. De modo que han tenido que inventarse su trabajo sobre la marcha. Y puesto que no tiene sangre azul, ha tenido que aprender a moverse en palacio al mismo tiempo.

De su faceta como periodista siempre se destaca lo trabajadora, minuciosa y perfeccionista que era, amén de disciplinada. Cualidades ideales para el nuevo reto. Aprendió de todo: historia, protocolo, inglés diplomático. Se enseñó incluso a esquiar, para compartir hobby con su marido, y a cazar para acercarse al Rey. Y, por supuesto, a andar, mirar y reír como una royal.

El resultado es sobresaliente. Siempre se recalca lo preparada que acude a los actos. Y son muchos: mil eventos, doscientas audiencias y sesenta viajes al extranjero en una década. Y cada vez con más apariciones en solitario, algunas de envergadura. A estas alturas tiene tanta soltura que hasta improvisa en los discursos.

“La Princesa ya vuela sola”, nos dice Almudena Martínez-Fornés, la experta en Casa Real del periódico ABC. Lejos queda ya convertirse en la sombra de la Reina Sofía, una de sus grandes maestras.

Cuestión diferente es cómo ejecuta los eventos. Gerardo Correas, Consejero Delegado de la Escuela Internacional de Protocolo analiza para Vanidades su trasformación: “Cuando se anunció su compromiso, actuaba de manera más suelta, más como periodista, exponiendo abiertamente su opinión. Después de la pedida de mano, tuvo una etapa de acomodarse a su futuro papel, perdiendo mucho protagonismo y actuando siempre en un segundo plano. Pero poco a poco ha ido ganando agenda individual, con apariciones públicas ella sola. Ahora tiene mucha más relevancia”.

 “Cuando habla con el pueblo se lo mete en el bolsillo. La gente sale fascinada por como los ha tratado”, asegura Almudena, testigo de primera mano. “Se vuelca” especialmente con los niños, ancianos, enfermos y discapacitados.

Ahora bien, según la cronista, le queda una asignatura pendiente: “Trasmitir la naturalidad que tienen otras princesas europeas”, en referencia sobre todo a Máxima de Holanda, con quien comparan habitualmente por el hecho de ser latinas.

La tensión o frialdad de la que hablan los expertos reales se da más en los actos oficiales, apuntilla Almudena. La periodista lo atribuye a una falta de feeling con las cámaras. “En las revistas sale muy mona pero no trasmite”. Correas, por su parte, lo achaca a una estrategia de la Casa Real para evitar un protagonismo exagerado. “Se ha sacrificado la cercanía por la profesionalidad que se quiere dar a la persona que acompaña al Príncipe”.

Letizia tiene autocontrol pero “no es fría ni calculadora” – describieron hace poco fuentes de su entorno a la edición española de la revista Vanity Fair. Y según Almudena, “no hace el esfuerzo por ocultar” lo que le disgusta. Por ejemplo las tradicionales vacaciones de la Familia Real en Mallorca. Seguramente no por culpa de la isla sino porque “¿tú crees que esto son vacaciones privadas”? – soltó una vez a los medios – pues gran parte de la agenda mallorquina es oficial.  Claro que, tal y como le recuerda José García Abad, autor de varios textos sobre la monarquía española: “El papel institucional de la Familia Real debe ejercerse las 24 horas”.

No ha hecho migas con el resto de royals europeas ni ha amadrinado a ninguno de los nuevos cachorros reales, a diferencia de Mary Donaldson, Mette-Marit, Victoria de Suecia, y, por supuesto, Máxima. Seguramente porque, según la define la experta del monárquico ABC, “Letizia desarrolla la función de princesa de forma profesional”. No mezclemos trabajo y placer, puede que piense.

En el último año ha sido acusada de no querer trabajar los fines de semana. Las fuentes de Vanity Fair lo desmienten. También existe la leyenda de que es el miembro peor valorado en las encuestas pese a no haber cometido ningún error grave – su mayor fallo todavía sigue siendo el “déjame hablar” que le espetó al Príncipe el día de su presentación pública. Pero tal y como Almudena rebate, “no hay una encuesta seria que diga eso”.

Letizia amaba ser periodista. Abandonarlo fue duro pero también llevadero porque lo hizo por amor. Es más, su nuevo trabajo le gustaba, decían los expertos en el quinto aniversario. Pero luego vino la crisis de la monarquía, a raíz del asunto de Iñaki Urdangarín, y Letizia sufrió daños colaterales. Lo peor, los abucheos que recibió la primavera pasada en algunas de sus apariciones. “Lo pasó mal”, confirma Almudena. Tanto que incluso deslizó cierta imagen de pasotismo. Una pequeña crisis de la que se recuperó durante sus verdaderas vacaciones privadas pues desde entonces “se comporta con bastante normalidad”, ha observado.

Para la próxima década, nuestro experto en protocolo le aconseja que aproveche su buena imagen para seguir el camino de Michelle Obama, “a la que todo el mundo quiere pero no entra en funciones de estado, sino que refuerza la imagen del mandatario”.

Letizia la fashionista.

‘La princesa de Asturias, un estilo que conquista’ o ‘Europa tiene una nueva reina de la moda’ son algunos de los titulares que los medios patrios e internacionales le han dedicado. Es más, “con su belleza, su esbelta figura y una elegancia natural, podría ser la princesa más espectacular del mundo, superando a todas las demás”, afirman tajantes a Vanidades las estilistas Ana Iriberri y Sara Largo, el tándem detrás de la web Tu  asesor de imagen.

Aquí, por supuesto, también ha habido una evolución. “Los primeros años tuvo muchos errores porque la vestían muy conservadora, luego más moderna, luego más joven”, analiza Montse Guals, también experta en imagen. “Pero ahora sabe combinar todos los looks mezclando tendencia con cosas básicas, encaja con todo tipo de público y edad, y su imagen es más profesional y muy cercana. Es increíble lo que ha conseguido”.

Nada se le resiste: vestidos de pedrería, pantalones de cuero, minifaldas. Sus puntos fuertes son las faldas tubo y los vestidos vaporosos por encima de la rodilla con chaquetas de punto o tipo americana.  Le gustan los fulares, presta mucha atención a los bolsos y, por supuesto, a los zapatos. Los altísimos peep-toes con plataforma son uno de sus sellos personales (los letizios) si bien estos días mezcla más tipo de calzado.

No le importa repetir modelo, incluso los recicla. El vestido color plata de Lorenzo Caprile que llevó en las vísperas de su boda lo ha trasformado hasta cuatro veces. “Creo que está bien. Con la que está cayendo en España… pero también pienso que las princesas son princesas, no notan la economía”, opina Guals, cofundadora con Elisabet Olivé de la empresa Quémepongo.

Para las socias de Tu asesor de imagen, sus highlights son el vestido rojo de noche que llevó en la cena de gala de la boda de Federico de Dinamarca – también de Caprile – y un vestido de fiesta azul noche, ajustado y escote asimétrico de Felipe Varela que ha usado en varias ocasiones. Hoy, además, ella lleva los vestidos y no al revés. “No es que hayan perdido espectacularidad sino que ella la ha ganado”, dicta Guals.

¿Sus errores? Sus apariciones ante el Papa, opinan Iriberri y Largo. Por mostrar rodilla y calzarse tacón de aguja. “No respetar el protocolo es el mayor error estilístico”. También consideran que no sabe qué colores le favorecen y que falla en la elección de sus tocados. “Son demasiado grandes para la morfología de su cara”.

Mango, Zara, Adolfo Domínguez… Letizia no duda en elegir marcas de calle para sus actos públicos que, por supuesto se agotan. La firma Magrit firmaba sus plataformas y para los eventos de gala tiene un diseñador fijo: Felipe Varela. A Iriberri y Largo tampoco les gusta esto. “Debería diversificar ya que debe promocionar la marca España”.

No le gustan las joyas. De hecho, a veces no lleva ni su alianza de casada – y no porque la pareja esté en crisis. El esmalte de uñas tampoco le entusiasma. Ahora bien su maquillaje es “ideal”, suspira Guals. “Es el rostro que toda mujer anhela, parece que no vas maquillada”. La Princesa se llevó a palacio a su maquilladora en TVE y los trucos no han cambiado mucho: pestañas muy rizadas, eye-liner marrón o verde – arriba y abajo – y labios con brillo casi siempre en tonos naturales.

Su media melena suelta, con raya al lado o al medio, capas suaves y desfiladas, y las mechas doradas sobre su rubio oscuro forman parte de su imagen, si bien no duda en recogerse o rizarse el pelo. “Los peinados están adecuados a la ropa, la situación y momento”, opina la estilista de Quémepongo.

Su físico se ha marcado en estos diez años  a raíz de practicar Pilates. También dicen que se entrena en el pequeño gimnasio de su casa y que le gusta la Zumba. Es delgada por naturaleza y come de todo, pero en pequeñas cantidades, dicen los expertos. Un reportaje de Vanity Fair hace tiempo aportaba fuentes familiares que hablaban de comportamientos extraños con la comida cuando era joven. Los rumores sobre anorexia son tantos que la Casa Real los desmintió en 2005.

La mayor trasformación está en su rostro. En 2007 se sometió a una rinoplastia para solucionar los problemas derivados de la desviación de su tabique nasal y de paso eliminar el caballete. Hay rumores de que se ha operado el pecho dos veces. Llevó brackets una temporada – invisibles – y ésta es la lista de tratamientos a los que se ha sometido según publicó hace unos meses la prestigiosa cronista real Pilar Eyre: ácido hialurónico para pómulos y cejas. Mesoterapia para cuello, rostro y escote. Infiltración de plasma propio para marcar rostro y tersura. Bótox para frente, alrededor de los ojos y comisuras de los labios. Colágeno para el escote. Y  láser para eliminar manchas. “Hay un abismo”, dice Guals. Ahora bien, “ha ganado en dulzura, y a todos nos resulta más agradable ver algo dulce que anguloso”.

La cofundadora de Quémepongo considera que la Princesa “ha hecho de su imagen una prioridad”. Pero por un motivo: “La verdadera Letizia no tiene esta imagen tan glamurosa. Es más de calle, de modo que si no fuera su prioridad, le saldría más su vena masculina”.

Durante los primeros años, sus outfits robaban el protagonismo y ella “se quejaba de que sólo se hablara de su físico”, cuenta Almudena. Hoy su vestuario ya no eclipsa. “Quizás porque la sociedad ya lo ha asimilado”, opina la cronista del ABC.  O puede ser, añade, que la situación en España ha provocado que el foco se vuelva a centrar en Felipe. Iriberri y Largo creen incluso que ha perdido protagonismo frente a otras famosas. Pero también piensan si se trata “de una estrategia para pasar a un segundo plano”.

Letizia in love.

Llegar al 22 de mayo no fue fácil. El Príncipe tuvo que luchar por su amada dos veces. Primero para conquistarla a ella, pues entonces tenía otra pareja, y segundo para convencer al Rey, a quien no le gustaba su pasado de Cenicienta moderna: divorciada, atea y republicana.

Durante años la pareja se ha mostrado super enamorada. Susurros al oído, miradas tiernas, manos entrelazadas… Su relación se ha sellado con dos hijas: la infanta Leonor, nacida en octubre de 2005, y Sofía, en abril de 2007.

Juntos forman un tándem profesional muy bien avenido. Ella ha conseguido que su marido sea más comunicativo y cercano. Y Felipe, han dicho amigos de ella, le aporta calma a su esposa, de naturaleza nerviosa.

La crisis laboral de Letizia el año pasado afectó, sin embargo, al matrimonio. “El príncipe sufre porque no sabe cómo abordar el desencanto de su esposa respecto a sus obligaciones”, dijo un supuesto amigo al periódico El Mundo en agosto.

Su carácter fuerte – adjetivo que le atribuyen los expertos reales – afloró en esas circunstancias y eso la llevó a tomar decisiones como ir a Mallorca más tarde que su marido y marcharse antes. ABC dijo entonces que Felipe lo estaba pasando “mal” con dicha actitud.

El incidente, que se une a las escapadas en solitario de Letizia con sus amigos, desató una ola de rumores sobre el matrimonio. Los periodistas de la prensa del corazón se dividieron. Ángela Portero dijo que las escapadas han provocado varias crisis. Antonio Montero habló de problemas de convivencia. Jaime Peñafiel, el tótem de los cronistas reales, no cree que haya crisis pero sí que la relación es complicada debido al choque de personalidades (él paciente, ella lo contrario). Y Pilar Eyre comparte lo de que discuten pero está segura de que no hay crisis. “Él, sobre todo, sigue muy enamorado”, ha dicho a la revista Love.

El palacio de la Zarzuela no se ha pronunciado públicamente. No está claro cuál fue el contexto de los famosos “altibajos” que intercambiaron con un comentarista sobre la relación de la pareja . La monarquía, por otra parte, no puede permitirse un divorcio por el bien de su estabilidad, como ha dicho Paloma Barrientos, otra gran especialista real.

La pareja también parece renovada tras sus vacaciones privadas, una sensación que confirma Almudena. Según El Mundo, en parte, porque Felipe ha decidido darle más espacio privado a su esposa para quitarle presión.

Sea como fuere, las citas han regresado como demuestran las fotografías de estos últimos meses. A la pareja le encanta ir a los cines del centro de la capital, comer palomitas, cenar un kebab o similares y terminar la noche con un paseo por el Madrid de los Austrias. Celebran sus aniversarios en los restaurantes más in, como DiverXO. Conducen ellos mismos, visten informal y caminan abrazados. Saben que esas imágenes benefician a la Corona – hoy por hoy son su mayor bastión – pero nada indica que estén fingiendo.

La Letizia madre

La Princesa es una madre cariñosa. No hay más que verla en las visitas oficiales que realizan con sus hijas. Pero también les impone disciplina y se fija mucho tanto en la alimentación – le preocupa que les gusten tanto las golosinas – como en su educación – les anima a que lean, a que aprendan los idiomas cooficiales del país y ha intentado que compartan con ella su pasión por el ballet clásico.

La familia vive en un palacete dentro del complejo del Palacio de la Zarzuela. El ala privada, de setecientos metros cuadrados, lo componen cuatro dormitorios, dos baños, dos vestidores y una terraza con vistas al monte. El Príncipe se encarga de llevar a sus hijas al colegio.

Leonor será algún día la heredera, pero Letizia, con el apoyo de su marido, trata de proteger su intimidad e insiste en llevar una vida lo más corriente posible. Nada de llamar a las niñas ‘alteza’ o aceptar regalos por ser infantitas. En verano acuden a la piscina del bloque de edificios de una amiga y los fines de semana las malcrían llevándoles a una pizzería o un burger.

Letizia fuera de palacio

Letizia entró en palacio a los 31 años. Antes vivía en un piso de 60 metros en el extrarradio de Madrid. Una, pues, no puede borrar quien ha sido y ella tampoco quiere. Con o sin crisis, cada vez reivindica más su espacio privado y gracias a ello hemos descubierto a la mujer detrás de la princesa.

A saber: la Letizia de calle viste vaqueros, anoraks y botas moteras o deportivas. Sin maquillaje. Se apunta a las rebajas, compra en fruterías y centros comerciales, y carga con las bolsas.

Su núcleo de amigos lo forma Felipe Varela y su marido, pero sobre todo antiguas compañeras de profesión, entre ellas la periodista de TVE Sonsoles Ónega. También es íntima de Isabel Sartorius, el primer amor de juventud de su marido. “El Príncipe es un viejo amigo al que quiero mucho pero hoy por hoy quedo más con ella”, ha dicho la socialité.

Con su panda habitual se la ha visto comer en Luzi Bombón y Ten con ten, dos de los restaurantes más en boga de Madrid así como en el cubano La Negra Tomasa. A la hora de las copas ha elegido alguna vez el Joséalfredo Bar  y para bailar pisa la Sala Riviera. También suelen hacer escapadas a Londres, Portugal, Nueva York o cualquier rinconcito de la península. Y con ellos disfruta de su pasión por el rock. Le gusta Juanes, cantó a grito pelado en un concierto de Bon Jovi y el año pasado fue al Festival de Benicàssim para ver a The Killers.

Lee de todo, desde Ryszard Kapucinski hasta la trilogía ‘Milenium’. Y dicen que está enganchada a la serie ‘True Detective’. Sus amigos la definen como una persona divertida y habladora. Utiliza la expresión “mi chico” para referirse a su marido y, aunque hoy quede forzado, todavía emplea el ‘tronco’ con la que los jóvenes madrileños se dirigían los unos a los otros en los 90. Ah, y comparte pipas con sus escoltas.

Letizia y la familia

Es vox populi la poca sintonía que existe entre el Rey y la Princesa. Su relación es simplemente cordial. Pero Felipe y su padre han acercado posturas ante la debacle de la monarquía y, según El Mundo, esto ha hecho que don Juan Carlos trate con menos frialdad a su nuera. Esto, a su vez, ha provocado un distanciamiento de la pareja con la Reina, sobre todo porque esta última ha apoyado públicamente a la familia Urdangarín, cosa que Felipe desaprueba. Además Letizia ya no necesita tanto a su suegra y las separan dos mundos. La Reina, por ejemplo, está en contra de los matrimonios homosexuales, Letizia acude a las fiestas del Día del Orgullo Gay.

Con los Duques de Palma hubo una época en la que Iñaki, según se ha publicado, se encargó de comprar el anillo de compromiso que Felipe le regaló Letizia. Hoy hasta palacio reconoce los esfuerzos que realizan para evitar que ambos matrimonios coincidan cuando visitan al Rey en sus convalecencias. Con la infanta Elena, simplemente “no tienen nada en común”, ha dicho la periodista Carmen Duerto, pero  mantienen una  buena relación. En todo caso, Letizia jamás habla mal de su familia política. “Shhhh. No comment”, es su respuesta cuando sus amigos le preguntan, publicó Vanity Fair.

Con su propia familia es diferente. Está muy unida a su madre, Paloma, quien suele pasar los fines de semana en casa del matrimonio y les acompaña en sus viajes. El divorcio de sus padres fue tenso y ella tiró más hacia su progenitora, pero el día de Reyes las niñas meriendan en casa de su abuelo materno. En cuanto a su hermana Telma, apoya las idas y venidas con los medios, con quienes mantiene una relación de odio. También está unida a su abuela paterna, Menchu, si bien las visitas a su Asturias natal cada vez son menos.

En estos diez años también ha vivido el mayor drama de su vida: la muerte de su hermana pequeña, Érika, que padecía estrés y ansiedad, y murió por una sobredosis de pastillas en 2007. Letizia estaba entonces embarazada de seis meses. Rota de dolor agradeció entre lágrimas las muestras de condolencia. Ese día la Princesa fue más de carne y hueso que nunca.

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