#MadridConManuela

Personajes

El nombre de Manuela Carmena no es conocido en Chile. Y, siendo sinceros, tampoco para la mayoría de los españoles hasta las últimas elecciones municipales. Pero, de repente, a sus 71 años, la candidata de la plataforma de unidad popular, Ahora Madrid, se convirtió en un fenómeno social. El efecto Carmena. A donde fuera, no sólo era aclamada, sino consagrada. Su cara apareció en grafitis callejeros y se creó #MadridConManuela, un fenómeno en el que cientos de creativos profesionales y amateurs subieron a la red memes artísticos con mensajes pro-Carmena.

La edición española de la revista Harper’s Bazaar la retó a un encuentro con la candidata de Ciudadanos, un partido surgido también del descontento del pueblo pero con ideas opuestas a Ahora Madrid. Una imagen vale más que mil palabras: Sot, la vermuteria del chef Sergi Arola. Carmena calza zapatillas tipo Converse; Begoña Villacís – de 37 años – unos stilettos muy fashion. La primera está sentada como si no supiera que hay una cámara delante; la segunda, aparece con las piernas cruzadas en primer plano tal cual una modelo. Begoña es carne de Harper’s, Manuela no.

Aun así, el 24 de mayo obtuvo más de medio millón de votos. Doble mérito: después de 23 años, un progresista ocupaba la alcaldía de Madrid y vencía a uno de los mayores animales políticos de España: Esperanza Aguirre, la candidata del Partido Popular, que, si bien ganó las elecciones con un concejal más, no tuvo los suficientes apoyos para superar el pacto entre la plataforma Ahora Madrid – auspiciada, entre otros, por Podemos – y el PSOE.

¿Qué tiene de especial? ¿Y quién es Manuela Carmena? Para lo primero parafraseamos a su hijo, Manuel: “Ha conquistado a un electorado que estaba muy desengañado”. José Antonio Roda, uno de los artífices del fenómeno viral, también ha dicho: Manuela entronca con una generación a la que nos ha tocado vivir una vida que no es la que nos prometieron. Ella representa la vuelta al rigor, la responsabilidad y el esfuerzo”. Carmena es la nueva Tierno Galván, el querido alcalde que apadrinó la Movida Madrileña, y la capitana de la renovación en los consistorios de ciudades como Barcelona y Valencia.

A la segunda pregunta, otro cara a cara: ¿Cómo se relajan? preguntó otra revista a Manuela y Aguirre. La primera dijo: “pensando”; la segunda, “jugando al golf”. Lícito, pero en una ciudad donde la deuda económica asfixia, el pueblo ha preferido un líder menos elitista.

Pero que Carmena sea una más, no significa que sea cualquiera. Ejerció de letrada durante quince años y fue cofundadora de uno de los despachos laboristas más populares de la capital por sufrir una matanza en 1977 de la que ella se libró por casualidad. Luego se convirtió en jueza. Durante tres décadas denunció la masificación y falta de reeducación en las cárceles, fue vocal del Consejo General del Poder Judicial, relatora de la ONU y cofundó la asociación Jueces para la Democracia.

Su metra profesional siempre fue “conseguir y mantener la democracia”. Hasta pagar el precio de ser expulsada de la Universidad Complutense de Madrid por querer crear un sindicato estudiantil “libre” del régimen franquista. Tuvo que finalizar los estudios en Valencia.

Con este currículum, Felipe González le ofreció un cargo en su primer Gobierno (1982) pero lo rechazó. “La política no me interesa mucho, me interesa más mejorar la vida de la gente”, ha dicho estos días, si bien su hijo la contradice: “Es una mujer politizada”. Sea como sea, “aunque siempre decía que no, me quedaba con mala conciencia”, ha confesado. “Las personas mayores no tenemos futuro, pero sí presente y pasado. Algo podemos aportar”. “Fue un sentimiento de responsabilidad lo que me empujó”, explica sobre su cambio de postura de cara a entrar en la política. “Supone un gran esfuerzo pero me sentí obligada a ayudar a jóvenes ilusionados por un cambio”, ha justificado en otro momento.

Eso sí, dejando claro que no pertenece a ninguno de los grupos que constituyen Ahora Madrid. Sólo se autodefine “de izquierdas”. Su lema sobre un gobierno es: “La gestión pública debe servir para aumentar la felicidad de todos”. Y opina que la mejor escuela política es “prepararse en ONGs y movimientos sociales, donde con poco se hace mucho”.

Su político preferido es el ex presidente de Uruguay José Mújica. Y en la ficción, la protagonista de la serie danesa Borgen, ambientada en una Primera Ministra de dicho país. Sobre el intento de Felipe González de ayudar al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma – en arresto domiciliario por un proceso judicial – opina: “Me parece encomiable cualquier persona que se interese por los derechos humanos de alguien. Lo que sí digo es que me habría gustado que se hubiera interesado más por la malnutrición infantil o por nuestros desahucios”.

Carmena dice las cosas como las piensa, aunque, según sus colaboradores, su mayor virtud es su capacidad de escuchar. Cuentan de ella que habla con calma y mirando a los ojos. Lo que más admira en otras personas es “la bondad y la inteligencia” y lo que más le indigna: “la violencia y la crueldad”. Es optimista, “el pesimismo es reaccionario”. Pero “no tengo la piel dura de un político profesional y me duelen los ataques”.

Para Manuela la felicidad pasa por “ser consciente de que eres útil para los demás”. Por ello, tras jubilarse, dividió su tiempo cocinando magdalenas y churros – “me salen muy bien” – con la apertura de una tienda de ropa infantil en el barrio hípster de Malasaña llamada Zapatelas. En ella venden ropa confeccionada por presas – algunos diseños by Carmena – y juguetes que fabrican los hijos de reclusas. También le dio tiempo a publicar el libro Por qué las cosas pueden ser diferentes – de no ser jueza le hubiera gustado ser escritora – y ejerce de abuela con sus dos nietos: “Lo mismo voy al colegio a buscarles que les preparo la cena o les imprimo un trabajo”.

Lleva casada 47 años con el arquitecto Eduardo Leira, de la misma edad. Se conocieron en el sindicato universitario – a él también lo expulsaron por el mismo motivo. Eran modernos para la época. No hubo pedida de mano y querían una boda civil. Las familias – su padre tenías dos tiendas de ropa de cuero – pusieron el grito en el cielo y consiguieron que hablasen con el cura de la iglesia de la Ciudad Universitaria. Éste argumentó que una unión civil era complicada a nivel burocrático y les hizo ver el enlace religioso como un mero trámite. Aceptaron  con una condición: casarse en nombre de los hombres en lugar de Dios. Por cierto, con el tiempo el clérigo dejó la Iglesia y se convirtió en el segundo marido de la duquesa de Alba: Jesús Aguirre.

La ceremonia duró cinco minutos, sólo acudieron los familiares, no hubo convite, aunque luego se reunieron con unos amigos, y eligieron Ibiza como luna de miel cuando la isla todavía no era hippie ni discotequera.

Reside en Arturo Soria, al noroeste de Madrid, un barrio residencial bien. Aparte de Manuel, también arquitecto, tiene una hija, Eva, una de las directoras de casting más reputadas ahora mismo. Está detrás del elenco de éxitos como Ocho apellidos vascos, La isla mínima o Celda 211, y es la responsable de que Almodóvar haya elegido rostros diferentes a sus habituales para su filme todavía no estrenado, Julieta.

A sus hijos les ha transmitido el valor del “esfuerzo, el trabajo y la dedicación a nuestras profesiones”, ha dicho Manuel. “Nunca nos ha gritado ni prohibido nada, solo decía: ‘Tú verás’. Esa frase resultaba más represiva”.

Manuela defiende una conciliación familiar y laboral muy peculiar: “Es positivo llevar a los niños a las oficinas y que se hable de ellos”. Y es feminista; uno de sus objetivos para los próximos cuatro años es implantar “los valores de la cultura femenina: tolerancia, emoción, empatía, concertación y escucha”.

El primer día acudió al Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento, en metro, con su abono personal. Quiere seguir haciéndolo siempre que sea posible, y cuando tenga que utilizar un coche oficial ha pedido que sea uno de gama utilitario.

Ese primer día le costó encontrar la entrada del despacho, el cual le parece “absurdo e inmenso”, pero está segura de su labor allí dentro: “Sé lo que tengo que hacer y lo sé hacer bien, porque es lo que he hecho toda mi vida: gestionar lo público”.

Uno de los temas que quiere abordar de inmediato es “evitar que haya niños que pasen hambre y necesidad”. Al cuarto día al frente ya tenía varias crisis: el cese de un concejal por haber publicado tuits ofensivos hace años, las críticas por no suspender a su portavoz – imputada por un presunto delito contra los sentimientos religiosos – y la modificación de su programa. Ella se defiende: “Cuando asumí la candidatura dije que entendía [el programa] como un conjunto de sugerencias (…) Después habrá medidas que se llevarán a cabo o no, porque lo importante es que se ajusten a objetivos como igualdad, anticorrupción, y transparencia”.

@ManuelaCarmena publica en Twitter sus tareas en el consistorio. Tiene 234.000 seguidores y se presenta como “Alcaldesa de @Madrid. Gobernar es escuchar. Tuiteamos en equipo”.

Votó con ropa de Zara y su chaqueta mostaza es uno de sus básicos. Le encanta el queso y es fan de la licuadora. Lleva el reloj con 20 minutos de adelanto. También se desplaza en bici. Tiene una eléctrica para la ciudad; “un gran invento, porque no llegas sudando al trabajo”.

Más razones de su éxito: “Prefiero regalar habilidades que cosas” – como enseñar a hacer churros – y su hijo asegura que es despistada y que la casa de sus padres no es la más ordenada, “pero ella tiene las cosas muy claras en la cabeza”.